viernes, 23 de septiembre de 2005

Simbiosis


Se acomodó en su espalda, como una mantarraya. Clavó los colmillos en su nuca y comenzó a succionarlo.

Se alimentaba de él... de su mente, de sus pensamientos, de su sangre, de su corazón, de su alma, de su sonrisa, de sus lágrimas. A través de la médula pudo ir consumiéndolo, hasta que el cuerpo de él necesitó y comenzó a generar el doble (el doble de sonrisas, el doble de lágrimas, el doble de sangre, el doble de emociones, el doble de sentimientos, el doble de amor, el doble de odio) y así pudo vivir, alimentando a él y a su parásito.

Un día, ella lo abandonó, y él murió de sobredosis de sí mismo.

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