miércoles, 23 de noviembre de 2005

Dos de César

Cesar es un cliente (bah... era, porque ya se debe haber muerto el viejo hace rato) que no tenía nada que hacer en su vida. Tenía como 80 años. Por comentarios que hizo debe ser jubilado o retirado de alguna fuerza armada. Siempre vestido con la misma ropa, juro que nunca lo vi con otra vestimenta que no sea su campera de tela negra, su chaleco negro militar, su camisa negra, su pantalón negro, sus medias negras, sus zapatos negros y su tintura negra. Si lo hubiera conocido hace 30 años, seguro que le tenía miedo. Medía 1,80 ó más. Se quedaba todos días un promedio de 8 horas frente a la computadora fascinado con internet. Teníamos que echarlo (literalmente) a la una y media de la mañana porque cerrábamos y no se iba. Insoportable como pocos, te llamaba cada 5 minutos para preguntarte, consultarte, contarte, o cuestionarte alguna pelotudez. El problema es que se pensaba que sabía, entonces ya cuestionaba por cualquier cosa que leía.
El viejo navegaba por páginas de la CIA, páginas de universidades de EEUU, páginas de militares, páginas de tecnología y ciencia, y de música cristiana. Como dije antes, era para temer... por las dudas nunca le pregunté nada de su pasado.
Acá dejo algunas (iré agregando a medida que me acuerde) sartadas ejemplificadoras:

1)

- Acá lo que tendrían que hacer es bajar todos los PDF de internet, así cuando yo quiero consultar alguno lo puedo leer rápido.

2)

- Me cambiás de máquina? porque la página de Babelfish no me está traduciendo bien lo que navego. Fijate: acá dice Goldman y me lo traduce como Hombre de Oro, y Goldman es un apellido, no lo tiene que traducir.
(fue en vano mi explicación de 2 horas informando que el traductor no entendía el contexto de la palabra, sino que traducía literalmente). Por ese problema me llamó unas ocho veces en dos horas, sin importar la explicación que le había dado.

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