jueves, 20 de abril de 2006

Girondeando

Hace unos 12 años aproximadamente, cuando era un purrete, vi "El lado oscuro del corazón", de Subiela. Como a todo pendejo que se le parte la cabeza, comencé a leer bastantes cosas de los autores literarios de dicha película. Comencé por Benedetti, continué por Gelman y acabé en Girondo (no se me ofenda don Oliverio, tómelo como un orgasmo) .
Mi viejo me consiguió "Espantapájaros", y no pude haber empezado con un mejor libro. Es un libro de cuentos cortos, o poesía en prosa al mejor estilo Baudelaire, donde se turnan la comedia, lo morboso, el amor, el odio y la sublimación.
Luego me aventuré a "Persuación de los días", siguiendo cronológicamente con su obra. Un vómito, no por lo horrible del libro, sino por la situación de poder sacar de adentro todo aquello que nos hace sentir mal, tanto sea de la sociedad, como de los amores, nuestro cuerpo, la muerte, etc. Este libro venía acompañado de "Nocturnos" y "Embelecos", en los que se ve claramente la obsesión sobre el vuelo, y su posterior agradecimiento a la vida.
Una vez finalizado (y releido, y releido, y releido), me compré "Veinte poemas para ser leidos en tranvía", que venía con "Calcomanías". Son los dos primeros libros que escribió, allá por principios de la década del '20. Se trata de textos/poemas escritos en cada lugar donde estuvo (ciudades de Argentina, España, Francia e Italia). Si bien no tienen el vuelo poético de sus obras posteriores, comienza a verse un rebelión contra el orden establecido por la naturaleza.
Por último me compré su último libro: "En la masmédula". No tengo mucho que decir. Lo que comenzó como una rebelión contra el orden de la naturaleza, que luego continuó contra el orden de la sociedad y el orden de la vida, culminó en la rebelión contra el lenguaje. Es un libro muy extraño, donde el autor inventa permanentemente palabras y hacen que uno entienda poco y nada de lo que acaba de leer.
Yo tenía un profesor de teatro que a veces nos pedía cosas imposibles, por ejemplo: "Representá el rojo!", nos decía. Uno intentaba, exploraba y accionaba en busca de eso casi imposible. Siempre algo quedaba, y ese era en realidad el objetivo del trabajo: que quede algo, y no que uno pueda representar perfectamente el rojo. Con "En la masmédula" pasa lo mismo. Cuando uno lee y trata de entender, parece que está en una tarea inútil, pero el color y la sonoridad de las nuevas palabras, hacen que algo nos quede (una imagen, una sensación, un sentimiento). En definitiva ¿la poesía no es eso? ¿no es la manifestación de los sentimientos a través de la palabra? ¿y si no hay palabras para expresar nuestros sentimientos? ¡inventamos nuevas!. Eso hizo Girondo.

EL PENTOTAL A QUÉ

LO NO moroso al toque
el consonar a qué la sexta nota
los hubieron posesos
los sofocos del bis a bis acoplo de sorbentes subósculos
los erosismos dérmicos
los espiribuceos
el ir a qué con meta
los refrotes fortuitos del gravitar a qué con cuanta larva en
tedio languilate en los cubos del miasma
los tantos otros otros
la sed a qué
las equis
las instancias del vértigo
el gusto a qué desnudo
los tententedio tercos del infierneo en familia
las idóneas exnúbiles
el darse a dar a qué
el re la mi sin fin
los complejos velados
el decomiso aseto
los tejidos tejidos en el diario presidio de la sangre
los necrococopiensos con ancestros de polvo
el “to be” a qué
o el “not to be” a qué
la suma lenta merma
la recontra
los avernitos íntimos
el ascopez paqué
cualquier a qué cualquiera
el pluriaqué
a qué
el pentotal a qué
a qué
            a qué
                        a qué
                                    y sin embargo

No hay comentarios.: