martes, 6 de junio de 2006

6/6/6

Basta! corten!
Se acabó la función!
Basta de este público patético que forma parte de la comedia.
Se arrastran, piensan que avanzan hacia los libros... los libros! las sagradas escrituras!
ignorantes... pobres bestias...
creen salvarse
creen ascender a los cielos!!!! ja!!!
cumplen con sus dogmas sagrados... ridículos....
milenios estudiándolos... preparando el futuro meticulósamente planeado.
todo...
ellos confiaron en mí... se sintieron cómodos en su personajes de desdichados en busca de la sola promesa del Eden.... confiaron en su pasado... confiaron en lo escrito... entregaron sus vidas para salvarse... ME ENTREGARON SUS VIDAS! Logré que alabaran lo inexistente... logré que idolatren mis escritos... me los fui llevando de a uno... de a miles...
Quisieron continuar con la comedia pero no pudieron con ellos mismos...
Los sedujo lo infecto, la opinión clamorosa de las cloacas, las circuncisas lenguas de cemento, los vocablos, las sombras sin remedio.
Y aquí están:
más pálidos que nunca; como tibios pescados corrompidos por tanto mercader y ruido muerto: como mustias acelgas digeridas por la preocupación y la dispepsia; como erectos ombligos con pelusa que se rascan las piernas y sonríen, bajo los cielorrasos y las mesas de luz y los felpudos; llenos de iniquidad y de lagañas, llenos de hiel y tics a contrapelo, de histrionismos madeja, yarará, mosca muerta; con el cráneo repleto de aserrín escupido, con las venas pobladas de alacranes filtrables, con los ojos rodeados de pantanosas costas y paisajes de arena, nada más que de arena.
Confunden el amor con el masaje, la poesía con la congoja acidulada, los misales con los libros de caja.
Desolados engendros del azar y el hastío, con la carne exprimida por los bancos de estuco y tripas de oro, ordeñan las cascadas, la sangre oleaginosa de los falsos caballos, sin orejas, sin cascos, ni florecido esfínter de amapola, que los llevan al hambre, a empeñar la esperanza, a vender los ovarios, a cortar a pedazos sus adoradas madres, mean ante las multitudes que desde un sexto piso podrán semejarse a caviar envasado, aunque de cerca apestan a pis en cuarentena,
a rata muerta...
No me culpen, al fin y al cabo yo soy como ustedes... los creé a imagen y semejanza... ustedes necesitaban esto, todos lo necesitamos. Todos necesitamos de un culpable. No me culpen. En el fondo soy la única víctima, el único que nunca tuvo en qué creer y a quién culpar. Yo también necesitaba ser... sin esta mentira, yo no habría existido, y ahora lo hago como negación del bien... he aquí mi desafío, lograr mi existencia sin necesidad de la de ustedes, sin necesidad del otro imaginario, mi No-Yo...
en el fondo sabían de la farsa... sabían que la vida, los libros y el amor terminaban en la misma hoja en blanco.
Todos saben que en escencia no existen. No existen para él, no existen para ella, no existen para el ciego que está a 300 metros pidiendo una moneda. No existen para sus jefes. No existen para la sociedad.
Para la sociedad sos la negación de la vida. El no ser. La única forma de afirmar tu existencia es volviendo a los orígenes de la historia, haciendo el mal. Un crímen te da la posibilidad de existir. Y ya no como actor de esta farsa sino como realidad. Como espectador de carne y hueso. Hoy sos la nada para todos, pero mañana tirás una bomba o asesinas a tu vecino y te convertís en el todo, en el hombre que existe, el hombre para quien infinitas generaciones de jurisconsultos prepararon castigos, cárceles y teorías. Desde la nada, de pronto ponés en marcha ese terrible mecanismo de policías, secretarios, periodistas, abogados, fiscales, carceleros, patrulleros... y nadie va a ver en vos a un desdichado actor, sino al ser antisocial, al enemigo que hay que separar de la sociedad. Y sin embargo, sólo el crimen puede afirmar tu presencia, como sólo el mal afirma la presencia del hombre en la tierra.

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