jueves, 14 de septiembre de 2006

El hombre que vio la última noche caer

Una atrofia cerebral que tengo desde hace nunca recuerdo cuánto me impide almacenar en mi memoria las cosas que han sucedido. Los sucesos pasan por mi cabeza con la misma fugacidad que estalla el presente a cada segundo. No logro que mi pasado descanse más que escasos segundos en mi mente sin que intente fugarse ante el primer esbozo de futuro.
Alguna vez habré sabido cuál fue el motivo de esta desgracia. Por mi cabeza se continúan permanentes fotogramas de una película que jamás existió. Esas imágenes coinciden con mi vida, hablan de mí, hablan de los hechos de los cuales soy el protagonista. Hablan del mañana. Todos y cada uno mis recuerdos se componen de sucesos que aún no me han ocurrido. Soy un vidente sin memoria.
Afortunadamente como método de autoprotección mi propio cerebro logró separar conceptual y prácticamente el recuerdo del conocimiento. De ese modo logro aprender cosas sin depender del recuerdo, cosa que tanto física como psíquicamente la humanidad ve como inaceptable. Sé hablar, sé expresarme, sé escribir, sé multiplicar, sé cuántos hijos tengo, sé mi edad, y sé como llegar hasta la otra punta de la ciudad sin necesidad de recordar cómo lo aprendí.
Toda mi vida pasó por mi cabeza millones de veces. Me casé y me enamoré cientos de miles de veces de la misma mujer. Supongo que me emocioné tantas veces con el nacimiento de mis hijos que ya no sé cómo ha sido aquel momento. Esta carta la escribí tantas veces que ya sé que tipearé la próxima palabra con un error casi imperseptible. Vivo en un estado de Déjà vu permanente.
Necesitaba dejar registro de mi dolor. Sé que todo se acaba. Con mis 92 años conozco el final de estas líneas. Quién mejor que yo para asegurar que el futuro ya está escrito. Las imágenes de mi cabeza se están extinguiendo y sólo quedan algunas letras sin punto final que se repiten sin cesar; luego de eso no hay nada. Sólo deseo recuperar aquello que perdí, mis sentimientos de amor, mis lágrimas, mi pasado... sólo me queda confiar que este último hilo de letras que aún está en mi mente no sea el que va a aparecer en este texto. Que no sea el último y que mi lucha por vencer el futuro traspase la barrera de lo ya escri

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