martes, 13 de marzo de 2007

Time

Mientras transcurren los momentos
que conforman un día oscuro,
desperdicias y malgastas las horas
en una forma irresponsable,
deambulas por un sector de tu pueblo
esperando que alguien o algo te muestre el camino.

Estás cansado de tenderte al sol
y de quedarte en casa para mirar la lluvia.
Eres joven y la vida es larga,
y es hora de matar al presente,
Y entonces, un día, te encontrarás
con que han pasado diez años.
Nadie te indicó cuándo correr,
perdiste el disparo de largada.

Y corres y corres para alcanzar el sol,
pero éste esta hundiéndose
y dando la vuelta para aparecer
detrás de ti otra vez.
El sol es relativamente el mismo,
pero tú estás más viejo,
con menos aliento y un día
más cerca de la muerte.

Cada año se hace más corto,
nunca parece ser encontrado el tiempo.
Planos que no sirven o son media página
de líneas garabateadas,
cuelgan en tranquila desesperación:
son la idiosincracia inglesa.
El tiempo pasó y la canción ha terminado.
Creía que tenía algo más para decir...
Pink Floyd
El lado oscuro de la Luna

Bueh, como dijo Lorena Bobbit, la voy a hacer corta. Hoy, martes 13, es mi cumpleaños. Mierda. 30. Mierrrrda.
Son esos cumpleaños claves en los que uno debería sentarse a reflexionar acerca de lo que nos ha enseñado la vida, no? no.

Tengo mil boludeces que decir y ninguna, sólo se me viene a la mente esta:
A los trece años, empezamos con un profesor de educación física en la secundaria. El tipo empezó con el tema de hacer flexiones de brazos. Teníamos que hacer x cantidad por semana. Luego y, después z, etc... siempre se iban incrementando. Yo, flacucho, campión de güeso culturismo, llegaba a duras penas a 10 flexiones. En realidad todos andábamos por la misma cantidad, excepto Juan Manuel Piombo. El chabón hacía 20, 25, 30 flexiones y ni mú.
Una vez le pregunté cómo mierda hacía. Cómo hacía para hacer tantas flexiones?
El me dijo:
Viste cuando estás haciéndo las flexiones, y llega un momento donde no das más? donde los brazos no te dan más y no podés seguir? Bueno, en ese momento yo decido seguir.

Quizás fue a los 13 años, y de la boca de otro chico de 13 años, lo más claro que me enseñaron en 30 años, mi primer cuarto de vida.

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