lunes, 30 de abril de 2007

Personajes

Se puso su remera con la cara de Olmedo sonriente como si aún estuviera aquí. Luego se terminó de vestir, tomó la mochila, bajó las escaleras y salió rumbo a su trabajo. Al cerrar la puerta tuvo la sensación de que se olvidaba algo, pero no le dio importancia.
La cabeza de Juan P. seguía dando vueltas en un vuelo de problemas, seudo soluciones, recuerdos, broncas y un par de chistes malos de los cuales él solo se reía.
Hacía dos meses que los albañiles habían empezado la construcción del piso de arriba de donde vivía y su vida se encontró violentada por el polvo, las nuevas goteras, los cortes de luz y la falta de gas. Al mismo tiempo que intentaba buscar alguna solución, se indignaba por vivir en esas condiciones y sonreía al pensar en su propia imagen sentado en el inodoro con un paraguas para que la gota revolucionaria no le moje el marote.
Inmerso en todo este revuelo personal sólo pudo prestar atención a un vendedor de Hecho en Bs. As. que triste ofrecía su revista. No le fue difícil reconocer las máscaras de la comedia y la tragedia dibujadas en la tapa y el título que decía "Los personajes somos nosotros en otras situaciones". Lo miró a los ojos, sacó un billete del bolsillo y se llevó el ejemplar.
Luego de darle el vuelto se quedó mirándolo. Desde lejos vio como antes de desaparecer de su vista compró unos panes caseros a un vendedor ambulante. Al verlo alejarse, Juan P. recordó un momento a su hijo. A esa altura ya tendría unos 25 años.
Hacía ya muchos años que trataba de encontrarle un rumbo a su vida. Con gran esfuerzo le exigió a su mente repasar todos los trabajos que había tenido en los últimos diez años. El camino se hacía permanentemente más difícil. No había muchas alternativas para una persona de 57 años que no encuentra su camino. Pensando en todo esto se encaminó hacia Florida. A esa hora comenzaban a salir los empleados de las oficinas para el almuerzo y había mayores posibilidades de venta.
Tenía la costumbre de revisar los cestos de basura en busca de algún objeto desvalorado que a él le sirviera. En una esquina vio en uno de los cestos un paquete pequeño. Sin demasiadas expectativas rompió el papel madera que lo cubría. Las piernas le comenzaron a temblar cuando descubrió dentro un fajo enorme de billetes de cien dólares. Miró hacia los costados, lo guardó nerviosamente en el bolsillo interno de su saco descocido, y con el corazón latiéndole a punto de explotar, emprendió rápidamente el camino para su casa.
Diez metros duraron sus pasos cuando lo detuvo un muchacho de unos treinta años. Lo tomó del brazo y le dijo: "Negro, vos sabés que eso no es tuyo, así que dejalo donde estaba porque va a terminar todo mal".
Juan P. trató de mantener su mirada intimidante ante este hombre desconocido. Le había costado mucho esfuerzo reunir todo ese dinero. Sus últimas semanas de vida habían sido un calvario. Se había asegurado que todo salga de acuerdo a lo indicado por los secuestradores. Al ver a ese pordiosero revolver el cesto con el dinero y retirar el paquete, se le heló la sangre. Por un instante pensó que todo estaba sucediendo según lo planeado, pero un golpe de lucidez le hizo darse cuenta de que esa persona estaba fuera de la película que él estaba sufriendo.
Luego de amenazarlo, su brazo tomó decididamente el de aquel hombre. Éste, rápidamente intentó zafarse y con miedo le escupió el rostro. Al cerrar los ojos en acto reflejo sintió un duro golpe en su nariz. Cuando logró reaccionar, el hombre se estaba alejando de prisa, corriendo hacia la avenida. Con la sangre brotando de su cara, Juan P. comenzó a perseguir al hombre. Le gritaba. Su mundo se le desvanecía nuevamente. Sólo pensaba en su hija. Pensaba en ella y corría. En ese momento se cruzó con un muchacho en la esquina que hablaba por su celular y lo identificó.
Habían planeado todo minuciosamente. No podía haber margen de error. Él debía esperar en la esquina hasta que alguien tomara el sobre, pero para ello todavía deberían faltar no menos de cuarenta y cinco minutos. Juan P. sabía que desde esa posición, era poco probable que tenga que participar en el operativo. Se había vestido de jean y camisa para no generar sospechas y evitar así cualquier presencia policíaca en la zona. Desde el celular podía escucharse la voz de su novia, a punto de llanto, terminando con la última discusión entre ellos. Juan P. terminando de acomodar sus pensamientos vio cruzar la calle al mendigo, y detrás al hombre sangrando. Comprendió que era momento de actuar. Comenzó a perseguir al hombre, pistola en mano, advirtiéndole que pare de correr. El hombre no interrumpió su escapatoria y se metió por una calle poco transitada. Juan P. sabía que esa situación le era favorable. Sin titubear, disparó al aire para intimidarlo, pero no hubo respuesta. Estaba a unos cincuenta metros. Desde esa distancia y en movimiento le iba a ser difícil acertarle, pero no dudó.
Antes perderse aquel sujeto en una esquina, Juan P. apuntó su arma y disparó.
Juan P. llegó a doblar antes de que lo alcance el disparo, empujó a un muchacho que venía de prisa pero pensando en cualquier cosa.
La agenda. Juan P. se había olvidado la agenda. Cuando volvió a buscarla, dobló la esquina, un hombre lo apartó de su camino y su remera recibió un impacto. No recordó más. No sufrió más. Olmedo lloraba lágrimas de sangre y su cuerpo cayó inerte sobre el cordón de la vereda. En ese momento, sólo deseó ser otra persona, otro personaje de la historia.

martes, 24 de abril de 2007

La ópera de los tres centavos

El Estado, el Poder, los Poderosos, se encargan de hacer un mundo donde los pobres, el pueblo, nos sintamos grandes, tan poderosos como ellos por exigirle a un chino que nos dé una moneda de 5 centavos en vez de un caramelo, o a un locutorio que devuelva los 2 centavos restantes de la llamada, o reclamarle el centavo a un criminal que utilizando técnicas visuales de márketing coloca entre sus precios una espátula a $ 9.99 en vez de $ 10.00.
Así como en Minipaz se encargaban de estar siempre en guerra para que la prole jamás pueda vivir en igualdad, ellos cuidan de que no existan monedas de 1 centavo, ellos se toman los recaudos de que no circulen las monedas de 5 centavos, así siempre podremos salir a protestar en contra de otros como nosotros y no contra ellos.
De esta forma, preocupados por defender nuestro derecho al centavo, nos olvidamos de nuestro derecho a comer, a ser iguales, a trabajar, a recibir educación, a la no discriminación, a vivir dignamente.
Pero no se preocupen, los poderosos de siempre estarán cuidando de nuestros verdaderos derechos, guardándolos en sus cajas fuertes y vendiéndolos en acciones millonarias a otros poderosos.

PD: entiéndase el ejemplo como eso, como un ejemplo de tantas cosas que nos dan de mamar para que podamos sentirnos satisfechos en nuestras ansias de poder.

miércoles, 18 de abril de 2007

De Nada Sirve


De nada sirve... escaparse de uno mismo.
De nada sirve... escaparse de uno mismo.
Y 20 horas al cine puedes ir
y fumar hasta morir,
con mil mujeres puedes salir,
a los amigos los puedes llamar.
De nada sirve... escaparse de uno mismo, no, no.
No se dan cuenta que de nada sirve,
tocar la batería,
seguir la acería.
No, de nada sirve. No, de nada sirve.
Y 20 horas al cine puedes ir
y fumar hasta morir,
con mil mujeres puedes salir...
De nada sirve... escaparse de uno mismo.
De qué le sirven las heladeras
y lavarropas, televisores
y coches nuevos y relaciones
y amistades y posiciones?
Si están podridos y aburridos
de este mundo que esta podirdo.
No, de nada sirve. No, de nada sirve.
Los que van a la oficina,
dicen que todo sirve,
los que van al puerto,
les duelen las espaldas,
los que hacen música
creen que es lo mas importante.
Nada sirve si uno lo usa
para la soledad interna.
Que siempre los corre,
que siempre los corre, oh yeah!
que siempre los corre.
Cuando están solos,
están bien solitos,
ya no hay guitarritas
ni amplificadores,
están solos en la cama
y empiezan a mirar el techo
y empiezan a mirar el techo
y empiezan a mirar el techo
y en el techo no hay nada.
Hay solamente un techo.
Qué pueden hacer?
Qué pueden hacer?
Es muy tarde y son las tres de la mañana,
los bares están cerrados,
las mujeres duermen,
los cines también estén cerrados.
La guitarra no se puede tocar,
si no el vecino se va a despertar.
Qué puedo hacer?
Qué puedo hacer?
Qué puedo hacer?
Estoy solo y muy aburrido,
no sé qué hacer.
Qué es mi vida?
Qué es este mundo?
Qué soy yo?
Me voy a volver loco!
No sé qué hacer,
no sé qué hacer.
En ese momentito se dan cuenta
que todo es una estupidez.
Cuando van de veraneo
y bailan yeah yeah yeah.
Con sus movimientos centroamericanos,
sensualidad fabricada,
tratan de levantar mujeres.
Pero están vacíos
y están muy podridos.
Volvemos a la cama
que es un gran lugar,
para dormir o también para fifar.
Cuando lo consiguen,
en este mundo es difícil,
está reglamentado.
Muerdan la almohada,
que desesperación.
No saben qué hacer con sus vidas,
ya todo fracasó:
han masticado chicles,
han comido chocolates,
han leído Radiolandia,
han llamado a sus amigos,
han salido con mil mujeres,
han grabado treinta mil discos,
han sido famosos,
han firmado autógrafos,
han comido hasta reventar,
han fumado hasta acabar.
Y qué queda?
No queda, no queda.
Nada queda, nada queda,
nada queda.
Hay una cosa que sirve,
que sirve a esta humanidad
y es darse cuenta que nada sirve
si uno lo usa
para escaparse de uno mismo,
de uno mismo.
Amigo te doy un consejo,
aunque yo consejos no doy.
Que trates de hacer la prueba
de parar la maquinita,
la maquinita que llevas dentro de ti
y fijarte qué es lo que pasa.
Qué es lo que pasa cuando te agarra la soledad
y te agarra el hastío?
No escuches discos de Bob Dylan
o de los Beatles,
de los Rollings Stones
o de Mick Jagger.
Mucho Silencio, mucho silencio.
Mucho pensar, mucho pensar,
mucho meditar, mucho meditar.
Nada de ovación, nada de ovación
y pensar...
Qué es lo que pasa conmigo?
Qué pasa conmigo?
Qué pasa conmigo?
Qué pasa conmigo?
Soy inteligente, también soy intelectual.
Soy bastante inteligente
pero estoy muy aburrido
y estoy solo y muy aburrido.
Qué es lo que pasa conmigo?
Yo no me lo puedo explicar.
Por favor que alguien me lo diga.
No puedo salir de mi,
estoy muy encerrado en mi prisión de carne y hueso.
Estoy encerrado en mi prisión de carne y hueso.
No puedo salir!
No puedo salir!
Me voy a morir dentro de mi!
Antes de morir yo quiero salir!
Ver las estrellas y el mar,
me quiero ahogar y quiero salir.
Vení por favor!
Yo quiero vivir! Yo quiero vivir!
No sé qué hacer, no sé qué hacer.
Yo quiero vivir! Por favor vení!
Qué puedo hacer? Qué puedo hacer?
No hay nada que hacer!!
Tenés que vivir. Tenés que vivir.
Tenés que sufrir. Tenés que arriesgarte.
Tenés que jugarte, tenés que jugarte.
No podés tener seguridad,
no podés tener ninguna propiedad.
Tenés que jugarte, tenés que jugarte,
tenés que salir a que te rompan la cara
que te maten que te pisen.
Tenés que querer a cualquiera,
tenés que odiar a cualquiera.
Ay! todos pasan a mi lado.
Nadie me mira, nadie me mira.
O si me miran es para encerrarme.
Estoy muy encerrado.
No, no, no, no.
De nada sirve, de nada sirve...escaparse de uno mismo.
Moris

Un tema "The Wall" argentino.

sábado, 14 de abril de 2007

Otra velita... otras gotas...

Hoy cumplo 2 añitos de vida con este espacio de cosas que viví...

y siguiendo con los homenajes divinos... sí... hoy también llueve...

ohmmmmmm

Uy, mirá el loco que entró... quién es? el dalai lama? parece el, como mierda era, el brujito hindú! ja... le falta la sítara... cómo les lavan la cabeza a estos chabones... les meten el hare krishna y se la pasan fumando sahumerios, vendiendo esos libritos de 40 paginas... ahí lo tenés... con mil libritos de autoayuda, meditación... a ver... "El pensamiento y la sabiduría", ja, no tenés cara... dónde estoy? a ver si te corrés gorda que no me dejás ver... Medrano... puta madre ya llego tarde... mirá cómo me mira el hijo de puta... encima salió puto el pelado... nos enyoguizaamossssss.... pa mí que me está leyendo la mente... estos tipos toman drogas y fuman opio todo el día y se les abren los poros de la zabiola y te leen lo que pensás.... a ver... si me estás leyendo la mente pestañá, dale pelado puto... nah, fue de culo... así que me lees la mente... a ver si sabés lo que estoy pensando ahora... memeflelfje flcjeiiieeelljsssjsl.... cdkiiesll fekiidlleu.. querlrrjjiiiiuuuzzz... qgoorrlm dksuuñod.... gloerrreee.... mamiiita que teeetassss... fdldoooerlrrerrreeee.... dreflleeeerrree fddleoorzja... ja.. ah, no podés? no te enseñaron a desencriptar?... ja, viste, te diste cuenta de que me di cuenta de que me estabas hackeando la mente, ves?... ahora yo también te puedo leer la mente a vos... eehh.... ni a palos... ya se dio cuenta que no puedo... estás pensando en... fdloreellcooorreoooo... se debe estar cagando de risa de las pelotudeces que le digo... encima no sé cómo mierda hace para estar serio... quizá le está leyendo la cabeza a la tetona... claro... boludo no es... Angel Gallardo... no llego ni a palos... a ver señora si mueve el carrito del bebé que quiero bajar... gracias señora... la concha de tu madre... chau cunfú... ni se movió... qué hijo de puta... claro, les enseñan a no deschavarse.... qué muerta que la tienen...

jueves, 5 de abril de 2007