jueves, 20 de septiembre de 2007

Una "idea" caída del cielo

No se les cae una che. No paran de robar. Si roban por lo menos digan: "Me basé en la historia de Fulanito".
Hace un tiempo un amigo mío que es profesor de Literatura me comentó que una alumna le escribió un poema. Yo entiendo que era una chica joven, que quizás no había leído mucho en su vida, pero firmar con su nombre y apellido un poema que empezaba con "Puedo escribir los versos más tristes esta noche..." es demasiado.
Semanas atrás vi un corto titulado "Autostop", el cual se anunciaba como escrito y dirigido por un chabón del que no recuerdo su nombre. Pasados los tres minutos de film sentí que ya lo conocía. Primero pensé que era un genio o un superdotado, pero luego recordé que la historia era idéntica (bah, cambiaron el final) a un cuento ¡del mismo nombre! de Milan Kundera de "El libro de los amores ridículos".
O sea, este caradura no sólo le afanó la historia a otro y la puso a su nombre, sino que ese otro es Kundera!!
El otro día enganché una especie de "Gala de Presentación" de la nueva tira "Lalola". Me alcanzó ver una sola escena para que los recuerdos volvieran a mi memoria. Esto ya lo había visto! Y sí, efectivamente, la historia, los gags, las situaciones, todo ya había sido registrado en una película viejita llamada "Una rubia caída del cielo" (Switch - 1991) (Trailer).
Esa película no fue escrita por el panadero de la vuelta de mi casa y filmada en un fin de semana para divertimento propio, sino que es de Blake Edwards, que entre algunas pequeñeces hizo "La Pantera Rosa" y "Víctor Victoria"!!!
Bah, qué sé yo... hagan lo que quieran... hay tantos que roban y ni siquiera tratan de entretenernos.
En fin... Creía que tenía algo más para decir...

miércoles, 19 de septiembre de 2007

sábado, 8 de septiembre de 2007

La Bestia

- ¿Cómo?
- ¿Cómo qué?
- Y... ¿cómo pasó?
- Y... así...
- ¿Así cómo?
- Sólo sucedió.
- ¿Así?
- Sí, nosotros lo comenzamos, estábamos disconformes; era la situación, no queríamos seguir así. Entonces continuamos lo que habíamos comenzado. Luego se puso peor, pero igual continuamos. Ya no había cómo detenernos, no había vuelta atrás. Éramos nosotros en contra de la bestia, aunque nunca nos echamos atrás... y luego...
- ¿Luego qué?
- La bestia me encontró; su olfato era muy bueno.
- ¿Y luego?
- Luego, todo...
- ¿Todo qué?
- Todo por lo que rezo cada noche para olvidar.
- ¿Aún lo recuerdas?
- Cada segundo...
- ¿Y luego escapaste?
- Exacto.
Un silencio glaciar inundó la sala de espera. Era capaz de oírse hasta el zumbido de la más mínima mosca, aunque ninguna mosca zumbó y la conversación continuó.
- Y tú... ¿dónde estabas?
- Yo veía todo desde otro punto de vista.
- ¿Te habías ido del país?
- No exactamente. En ese entonces... yo era la bestia.

Anga Brant, Río Negro
(La bestia, un encuentro entre un torturador y un torturado)

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Deja-Vu

Luego de semanas de investigación, pruebas, cálculos, fracasos y encierro, Benitez salió a la calle con su nuevo invento. Había fabricado los anteojos para ver el futuro.
Aún le faltaba perfeccionarlo, sólo permitía ver con 15 segundos de anticipación la desfasada realidad. Fantaseó con la idea de volverse millonario, apostando siempre a un número ganador que conocería de antemano; se alegró ante la posibilidad de no cometer actos estúpidos o evitar situaciones embarazosas haciéndole trampa al tiempo, realizar trucos de adivinación, e incluso de poder gritar los goles antes de que la pelota toque la red.
Una vez parado en el andén de la estación, cuando pensaba en todas estas cosas, vio a escasos diez metros una muchacha con la que cruzó una dulce mirada. Se preguntó ¿por qué no? y decidió hablarle. Para probar su invento y saber si iba a tener o no éxito en su conquista, se colocó los lentes. Inmediatamente la vio corriendo hacia donde se encontraba él con un gesto de pánico mientras la puerta del tren se abría delante suyo. Esto lo asustó, pensó en un robo, hasta en un atentado. Se apresuró a subir al vagón.
Jamás sospechó que ese tren, aún no había llegado.

Alguien

Por supuesto que prefiero ser un ex-Beatle antes que un ex-Nazi, pero ante todo, prefiero ser un ex-Nada
George Harrison