sábado, 8 de septiembre de 2007

La Bestia

- ¿Cómo?
- ¿Cómo qué?
- Y... ¿cómo pasó?
- Y... así...
- ¿Así cómo?
- Sólo sucedió.
- ¿Así?
- Sí, nosotros lo comenzamos, estábamos disconformes; era la situación, no queríamos seguir así. Entonces continuamos lo que habíamos comenzado. Luego se puso peor, pero igual continuamos. Ya no había cómo detenernos, no había vuelta atrás. Éramos nosotros en contra de la bestia, aunque nunca nos echamos atrás... y luego...
- ¿Luego qué?
- La bestia me encontró; su olfato era muy bueno.
- ¿Y luego?
- Luego, todo...
- ¿Todo qué?
- Todo por lo que rezo cada noche para olvidar.
- ¿Aún lo recuerdas?
- Cada segundo...
- ¿Y luego escapaste?
- Exacto.
Un silencio glaciar inundó la sala de espera. Era capaz de oírse hasta el zumbido de la más mínima mosca, aunque ninguna mosca zumbó y la conversación continuó.
- Y tú... ¿dónde estabas?
- Yo veía todo desde otro punto de vista.
- ¿Te habías ido del país?
- No exactamente. En ese entonces... yo era la bestia.

Anga Brant, Río Negro
(La bestia, un encuentro entre un torturador y un torturado)

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