miércoles, 21 de noviembre de 2007

Carrizo

- Carrizo! -porque mi vieja me llamaba Carrizo- Andá de Vicente y traeme medio kilo de carne picada, pero decile que no te dé de la vaca del otro día porque tenía mucha grasa!

Ella sabía, en el fondo, que yo no le iba a decir nada a Vicente. Yo le iba a pedir carne picada y nada más, pero ella se quedaba con la ilusión de que ella se lo decía, que se sacaba el gusto, la espina, de criticarle la vaca del otro día.

Mi vieja era así, gritaba todo el tiempo. Para limpiar la habitación, para hacer los mandados, para estudiar, para todo tenía que escuchar sus gritos, aunque estuviera a sólo un par de pasos de ella.

Los padres a veces tienen concepciones tan raras acerca de lo que deben enseñar a sus hijos... En la cola del banco, si era muy extensa, se mandaba derecho para la caja, a los gritos y se colaba en el primer lugar. No en la mitad, haciéndose pasar por amiga de alguno. No. Ella iba directo a la caja. No importaban las quejas de los que estaban allí, siempre se salía con la suya utilizando pretextos tales como "soy una persona mayor", "tengo problemas en las piernas", "se me derrite la manteca" o, en el caso más extremo, utilizándome como chivo expiatorio (chivo expiatorio? así se dice?): "mi hijo está enfermo, señor, cómo se nota que usted no es madre!".

Ella pensaba que así me enseñaba a defender mis derechos, pero lo cierto es que lo único que hacía era avergonzarme. Yo jamás levantaba la vista; quedaba con la cabeza inclinada, rojo, esperando que todo pase lo más rápido posible. Sentía las miradas en mi nuca. Lo peor es que es de esas personas que sacan tema para todo con cualquiera que se le ponga enfrente, por lo que además de defender su derecho a colarse y otorgar la obligación de esperar al resto del mundo, se ponía a contarle a quién la atendía acerca de lo caro de los tomates, el tiempo loco, la epidemia de mosquitos, la inseguridad, y la salud de mi hermanita menor.

-Vos cuando seas grande tenés que ser político. Así de una vez por todas hay alguien decente dirigiendo este país de porquería.
-Y qué puedo hacer desde la política?
-Me conseguís un trabajo a mí, donde pueda cobrar mucho sin hacer nada!- contestaba.

Y fue en una de esas avergonzantes colas de banco, cuando sucedió. Mientras mi vieja se peleaba con una señora que reclamaba lo justo, entraron dos tipos encapuchados. Todos a los gritos, corriendo y tirándose al piso. Y ahí empezó:
-Ves Carrizo! Estos se creen que porque tienen pistolita pueden hacer lo que quieran, pero no! No es así, conmigo no van a poder hacer nad...
-Callate vieja de mierda que te vuelo la cabeza!
-Más respeto jovencito que nadie le dio permiso para tutearme. Yo vine a pagar, así que voy a pagar y me voy, me oyó? Habrase visto insolente de porquería, no ve que puedo ser su...
-Largá la cartera y tirate al piso que sos boleta...- le gritó con la pistola apoyada en la sien- Voy a contar hasta tres.... Uno...
-Dos- dije yo muy bajito...

Minutos más tardes era todo un caos, yo caminaba serio sin decir palabras, increíblemente tranquilo. Con una serenidad que jamás había experimentado.
-Está shockeado! Déjenlo pobrecito!

Mi vieja enchastrando el piso del banco, dejando una mancha que no me iba a hacer limpiar.

-Le dije 0.75, joven, y acá dice 1.25!
-Señora usted va a Martinez, sale 1.25
-Soy una persona mayor, joven, ponga 0.75, y usted señorita hágame lugar que me duele la pierna...
Ma'sí... pagá lo que quieras... seguí así y un día te van a meter un balazo en la cabeza...
-URQUIZAA!!

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