sábado, 3 de noviembre de 2007

El loco en la colina

Un día te quedaste ahí arriba. Solo. Sabías quedarte solo. No te costó mucho hacerlo, disfrutabas de esa lejanía con el mundo, con el mundo real.
Un día subiste y no bajaste. De vez en cuando te encarnabas en lo que creías que eras vos, pero no. De vez en cuando hacías que bajabas y no te creíamos. Nunca te salió hacer de vos mismo. El mundo. La realidad. La felicidad. Mi felicidad. Mi realidad. Mis sueños. Tu realidad. Tus realidades. Tus sueños. Tus mundos. Tu mundo. Qué mareo. ¿Y cuál es? ¿Cuál de todas? ¿Será realmente la mía? ¿Habremos sido nosotros los que bajamos y vos el que nos veías alejándonos?
Defendiste tu mundo como único sueño y yo defendí el mundo como única realidad, sin saber lo equivocados que estábamos.
Ya no estoy tan seguro de que realmente esto sea realidad. No puedo confiar en esto que me rodea. Dudo ahora de estar abajo. Dudo que todos estos que me rodean, realmente me rodean. Y Oliverio cansado de usar un solo brazo, dos labios, veinte dedos, no sé cuántas palabras, no sé cuantos recuerdos, grisáceos, fragmentarios. Cansado, sobre todo, de estar siempre conmigo. Daría mi vida por... no, eso es fácil. Lo difícil sería no darla. Continuarla en el sueño. Continuarla arriba. Continuarla abajo. Lo difícil es ser.
A veces la tenés tan clara que hacés contraste.
Pájaro Juárez


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