martes, 12 de mayo de 2009

jueves, 23 de abril de 2009

Y vos? que escujazz?


El lunes toca Manteca! en Notorius, vayan.

27 de Abril a las 21.30 en Notorius.
Av. Callao 966
Disquería 4815.8473
Reservas 4813.6888 (C1023AAP) Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentinanotorious@notorious.com.ar http://www.notorious.com.ar/
http://mantecajazztrio.blogspot.com www.myspace.com/mantecatrio
mantecatrio@gmail.com 15-60356771

martes, 14 de abril de 2009

Ya camina...

Realícese la siguiente prueba:

1) Coloque agua en una palangana
2) Ingrese a la misma un pie
3) Sumerja un cable enchufado al tomacorriente.

Vio? Da corriente.

Esto sucede porque el agua es conductora; transporta a través de sus moléculas la energía que proviene de la Usina más cercana.

Apoyándonos en esta hipótesis y recurriendo a la maximización, podemos imaginar que el agua que proviene de la nube que está sobre tu casa en este mismo momento, acerca algo de energía Divina.

Los Dioses (incorpóreos) nos envían a través de la lluvia, parte de su alma. Será quizás por eso que en días de tormenta como hoy, muchos poetas y escritores (algunos increíbles, otros mediocres), aprovechan para abrir sus antenas, levantarlas como un pararrayo y apuntarlas hacia el cielo, rogando que aunque sea un átomo con carga, a veces con muchos protones, otras con demasiados electrones, perdido lo roce y lo inspire. Será por eso que en días de tormenta como hoy, pero otros catorces, de otros abriles, un infelí que tenía ganas de cantar y chapotear en los charcos, melancólico de soledad, deseoso de sonrisas y por sobre todo necesitado de llorar sus propias tormentas, decidió abrir esta página.

El Pájaro le desea a este lugar que tantas alegrías le dio, un muy feliz cumpleaños. Sus primeros cuatro años. Gracias a todos los que hacen que celebrarlo sea una fiesta.

lunes, 6 de abril de 2009

Bernardo era mala leche... quedó la nata

Este Blog exhorta a su audiencia a que lea detenidamente una vez por semana los comentarios de lectores de "Crítica Digital". Dicho ejercicio es muy útil dado que tiende a reafirmar su posición ideológica. Una vez realizado usted se encontrará muy satisfecho por estar en la vereda correcta. Léase:
  • Si Usted cree en los ideales sin fijarse en las personas, si usted es un idealista del bien común, piensa más allá de sus zapatos, no le preocupa sólo la inseguridad sino las raices que la generan, no es un ser individualista, no es resentido, no es consumidor de cuanta mierda escucha y ve por televisión, cree en la justicia social, en la igualdad, en la libertad de expresión y en la democracia, entonces podrá sentirse aliviado.
  • Si por el contrario, es una negación de lo antedicho, felicitaciones, acaba de hallar a miles de fachos hijos de puta que opinan igual, entonces podrá sentirse aliviado.

martes, 10 de marzo de 2009

Matemática recursiva recursante

-Cómo sabés si un numero es múltiplo de 3?
-Fácil, lo es si la suma de sus cifras da 3 o un número múltiplo de 3...

jueves, 26 de febrero de 2009

El Deforme

Ya el hecho de leer en el bondi es una elección complicada. Los inconvenientes suelen ser múltiples. Con la práctica uno va encontrando la forma de sortearlos de la mejor manera posible. La elección del asiento es algo elemental. Es necesario situarse lejos de las ruedas, dado que las amortiguaciones de los bondis argentinos dejan mucho que desear, sobre todo si le sumamos el estado desastroso en el que se encuentran habitualmente las calles. El movimiento brusco del libro delante de nuestros ojos puede provocar mareos y dificultades a la hora de seguir los renglones de arriba hacia abajo salteando uno por uno. Por este motivo es recomendable sentarse (o pararse) en un lugar equidistante entre la rueda delantera y la trasera. Esto, en caso de escasez de asientos puede provocar innumerables distracciones provocadas por los pasajeros que intentan ir hacia el fondo o bien bajar por la puerta del medio, por lo que siempre se sugiere colocarse apoyado sobre el espacio reservado para sillas de ruedas, siendo casi nulas las posibilidades de que suba alguna de estas.
El segundo gran reto, es vencer el ruido.
Quienes estamos acostumbrados a estas situaciones, hemos logrado un nivel de aceptación del ruido notable; de modo que todo lo referente a sonidos típicos de la calle o del traqueteo del colectivo, son automáticamente digeridos por nuestros oídos de modo que no afecten nuestra concentración. El ir y venir de las ruedas sobre los adoquines, el murmullo de la gente, el timbre que suena, las bocinas en los semáforos, no son más que un simple zumbido que nos susurra durante el viaje.
Pese a esto último, lo más difícil de vencer son los sonidos (no los ruidos). Los sonidos son claros, perturban, taladran, molestan a cualquier persona y no sólo a los lectores, sino a aquellos que intentan dormir o símplemente viajar pensando en el resto del Universo.
Los dos sonidos más molestos que uno debe soportar son relacionados a los celulares: Jóvenes que programan sus teléfonos para que suene a todo volumen la música, interpretando que todos los pasajeros estamos deseosos de escucharla, mujeres con la voz chillona que se dedican a llamar a sus maridos o amigas, avisando que están por llegar, que no pueden esperar los 10 ó 20 minutos que dura el viaje para decirles semejante estupidez, o novias melosas que pretenden que el mundo escriba una novela de amor basada en frases como "yo también".
Hoy sin embargo es distinto.
El Deforme se abre paso entre los pasajeros, torpemente. Posee el brazo izquierdo casi inutilizado y le cuesta caminar con la pierna formando un arco convexo. Está descuidado, con la mirada fruncida y levemente molesto por tener que padecer este suplicio.
El colectivo frena de golpe y el Deforme se me viene encima. Me mira a los ojos y pese a no haberme llegado a golpear me dice "perdón", en un tono que suena con tanta culpa que no tengo más remedio que aceptarla
En la mano que tiene utilizable tiene un libro con tapa roja del cual no llego a leer el título; esto hace que el Deforme me genere un leve grado de simpatía. Supongo entonces que si mi esfuerzo por lograr avanzar unas páginas es loable, el que enfrenta aquel Deforme es más que admirable.
Me quedo un rato pensando en la cantidad de dificultades que se le deben presentar diariamente a este sujeto e intento retomar la lectura en cuanto veo que él hace lo mismo. Busco la última frase que tengo en mi memoria y en cuanto la localizo, sucede lo imprevisto.
El Deforme comienza a leer en voz alta. No muy alta, sólo lo necesario para ser totalmente molesto. Escucho (y parezco ser el único) al Deforme leyendo con ese ruido de voz de Espika saturada. Un susurro ronco del cual apenas logro distinguir algunas palabras, entre las que suenan alguna fecha de febrero, "miramos", "puente", "Alina Reyes" y "cartera de la mujer".
Pretendo no distraer mi atención; intento concentrarme en lo que cuenta MI libro, pero es inútil.
Hojeo nuevamente el párrafo y me dispongo a leer, intentando no llevar el apunte a este loco que me tortura a 30 centímetros. Es un momento fue muy confuso. Realizo un esfuerzo sobrehumano intentando leer estas difíciles letras que se empeñan en continuar palabras del Deforme.
Comienzo a sentir el eco de mis pensamientos. A medida que avanzo en la lectura, siento que cada palabra que leo resuena en mis oídos sin saber si las estoy realmente escuchando.
Me quedo estupefacto al notar que mis labios no pueden mantenerse quietos. Un hilo de voz tritura mi garganta, haciéndose paso atolondrádamente. Siento pánico. Levanto pálido mi vista y veo el recuerdo que tengo de mí mismo avanzando hacia la puerta. Me gana la desesperación, pero mi cuerpo no me responde. Siento que mi mano lisiada, apenas puede mantenerme agarrado al asiento y mis piernas se comportan con una imposibilidad prematura de sostenerme en pie sin que el dolor se expandiera tras mi espalda.
Intento gritar, pero la voz apenas logra parecerse a un catarro. Me veo bajar. El pelo un poco suelto contra el viento, sin dar vuelta la cara y yéndose -finaliza el texto del cuento que aún sostengo temblando.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Laura va


Laura va,
lentamente guarda en su valija gris
el final de toda una vida de penas.
Laura va,
unos pasos la alejan del pueblo aquel,
donde ayer jugaba al salir de la escuela.
Laura, pobre tu dolor
se cayó de una oración.
Por eso te vas con él.
Por eso te vas
y hay algo de bueno en tus ojos
sin querer.
Laura va,
los años le han dado la resignación
y el dolor.
Se fue con sus pocas tibiezas.
Laura ve,
aunque es grande su vida comienza aquí
y a la vez termina la sed de su espera.
Laura, pobre tu dolor
se cayó de una oración.
Por eso te vas con él.
Por eso te vas
y hay algo de bueno en tus ojos
sin querer.
La valija pesa y él la ayuda a entrar en el tren.
La cubre de besos
y el sol también.
Luis A. Spinetta

Quién fuera él...

jueves, 29 de enero de 2009

Ambos estaban muy intrigados acerca del otro. Apenas sabían nada e imaginaban el resto. Aprovechaban cualquier detalle en los gestos, las palabras o vestimenta como para descubrir gustos, ideas, sensaciones o carácter que los hiciera acercarse un poco o alejarse más.
El juego consistía en acercarse a la realidad del otro y ocultar la propia, intentando que sólo las esencias se posaran sobre ellos y salieran corriendo a esconderse de lo terrestre.
Ella lo vio acercarse y con el afán de escuchar algo que la descubriera un centímetro más del enigma, retiró el auricular de su oido. Él no comprendió el gesto, pero reacomodó su estrategia y le preguntó con una sonrisa:
-¿Puedo saber qué escuchás?
-¿A vos qué te gustaría que escuche? - retrucó ella
-Cualquier cosa que te haga sentir...
-¿Y qué te gustaría que me hiciera sentir?
-Mi voz al lado de tu almohada...
Ella se sonrojó, él mantuvo su mirada, ella introdujo nuevamente el auricular, él comprendió que iba en la dirección correcta, ella intentó olvidarse de la situación subiendo el volumen de su pasacassette, él se sentó a su lado, y luego ambos callaron.

lunes, 26 de enero de 2009

Libros

Tengo en mi poder sólo un tercio de los libros que leí en mi vida...
Mi problema es que tengo dos malas costumbres:
  1. Aún sabiendo que los libros que se prestan rara vez se devuelven, los presto.
  2. Aún sabiendo que los libros que se prestan rara vez se devuelven, los devuelvo.
Así, mi modesta biblioteca crece a pasos de hormiga...

domingo, 11 de enero de 2009

Vuelo sin orillas

Caminando lentamente recordando algunas de tus palabras, miraba dentro mío y sólo encontraba frases de reproches. Aquellas necesidades de aceptación, el temor y la cobardía, me terminaron alejando de todo lo que deseaba. Mi miedo a perder me convirtió en un hombre solitario.
Tus palabras sonaban aún en mis oídos como el eco de tu perfume.
Tardíamente comprendí cuan equivocado me hallaba. Como un mendigo guardando en su cofre de cartón los recuerdos de un pasado que habría podido ser presente, me enfrentaba avergonzado a la vida pidiéndole disculpas.
Las baldosas se escabullían debajo de mis pies. Hojas que danzaban ante la menor brisa, acariciaban mis piernas que avanzaban lentamente. Zapatos extraños que convulsionados intentaban ganarse mutuamente carreras inentendibles, se cruzaban ante mis ojos.
Levanté la mirada y te vi con tu caminar cansado de andar el suelo y con tu vuelo a flor de vereda. Inconscientemente dejé caer mi bolso. Pasos más tarde noté que había dejado los zapatos. Sin darme cuenta mis manos desprendieron mi camisa, dejándola como un animal muerto detrás mío. Tus ojos sorprendidos no bajaron un segundo, jamás perdieron contacto con mi mirada, que se encontraba más allá de ellos. Más profundo, al punto de no vernos; sólo entendernos. Con no mucha dificultad y ante los comentarios horrorizados de mujeres con sus niños, almaceneros y porteros curiosos, logré huir de mi pantalón, y estando a tan sólo metros de tu encuentro, mi ropa interior cayó como un trapo pudoroso sobre algún ciempiés distraído.
Casi no necesité hablarte para que me entiendas. Tu rostro demostraba estar en dos lugares al mismo tiempo. Por un lado la herencia terrestre te obligaba a sentirte temerosa ante aquel espectáculo. Por el otro la aceleración de tu corazón y tu garganta presionada entendieron perfectamente aquellas palabras que servían como una explicación innecesaria.
- No tengo más. Esto es lo que me queda. Soy de carne y hueso. Esto soy yo, y sería la persona más feliz del mundo si aceptás este cuerpo desnudo.
Con las manos esposadas, comprendí que nada podría explicar a alguien que carga con tanto uniforme. Agaché mi cabeza y sentí tu susurro alejarse diciendo...

viernes, 9 de enero de 2009

Destino

Y para acá o allá
y desde aquí otra vez
y vuelta a ir de vuelta y sin aliento
y del principio o término del precipicio íntimo
hasta el extremo o medio o resurrecto resto de éste a aquello o de lo opuesto
y rueda que te roe hasta el encuentro
y aquí tampoco está
y desde arriba abajo y desde abajo arriba ávido asqueado
por vivir entre huesos
o del perpetuo estéril desencuentro
a lo demás
de más
o al recomienzo espeso de cerdos contratiempos y destiempos
cuando no al burdo sino de algún complejo herniado en pleno vuelo
cálido o helado
y vuelta y vuelta
a tanta terca tuerca
para entregarse entero o de tres cuartos
harto ya de mitades
y de cuartos
al entrevero exhausto de los lechos deshechos
o darse noche y día sin descanso contra todos los nervios del misterio
del más allá
de acá
mientras se rota quedo ante el fugaz aspecto sempiterno de lo aparente o lo supuesto
y vuelta y vuelta hundido hasta el pescuezo
con todos los sentidos sin sentido
en el sofocatedio
con uñas y con piensos y pellejo
y porque sí nomás
Olvierio Girondo