jueves, 29 de enero de 2009

Ambos estaban muy intrigados acerca del otro. Apenas sabían nada e imaginaban el resto. Aprovechaban cualquier detalle en los gestos, las palabras o vestimenta como para descubrir gustos, ideas, sensaciones o carácter que los hiciera acercarse un poco o alejarse más.
El juego consistía en acercarse a la realidad del otro y ocultar la propia, intentando que sólo las esencias se posaran sobre ellos y salieran corriendo a esconderse de lo terrestre.
Ella lo vio acercarse y con el afán de escuchar algo que la descubriera un centímetro más del enigma, retiró el auricular de su oido. Él no comprendió el gesto, pero reacomodó su estrategia y le preguntó con una sonrisa:
-¿Puedo saber qué escuchás?
-¿A vos qué te gustaría que escuche? - retrucó ella
-Cualquier cosa que te haga sentir...
-¿Y qué te gustaría que me hiciera sentir?
-Mi voz al lado de tu almohada...
Ella se sonrojó, él mantuvo su mirada, ella introdujo nuevamente el auricular, él comprendió que iba en la dirección correcta, ella intentó olvidarse de la situación subiendo el volumen de su pasacassette, él se sentó a su lado, y luego ambos callaron.

lunes, 26 de enero de 2009

Libros

Tengo en mi poder sólo un tercio de los libros que leí en mi vida...
Mi problema es que tengo dos malas costumbres:
  1. Aún sabiendo que los libros que se prestan rara vez se devuelven, los presto.
  2. Aún sabiendo que los libros que se prestan rara vez se devuelven, los devuelvo.
Así, mi modesta biblioteca crece a pasos de hormiga...

domingo, 11 de enero de 2009

Vuelo sin orillas

Caminando lentamente recordando algunas de tus palabras, miraba dentro mío y sólo encontraba frases de reproches. Aquellas necesidades de aceptación, el temor y la cobardía, me terminaron alejando de todo lo que deseaba. Mi miedo a perder me convirtió en un hombre solitario.
Tus palabras sonaban aún en mis oídos como el eco de tu perfume.
Tardíamente comprendí cuan equivocado me hallaba. Como un mendigo guardando en su cofre de cartón los recuerdos de un pasado que habría podido ser presente, me enfrentaba avergonzado a la vida pidiéndole disculpas.
Las baldosas se escabullían debajo de mis pies. Hojas que danzaban ante la menor brisa, acariciaban mis piernas que avanzaban lentamente. Zapatos extraños que convulsionados intentaban ganarse mutuamente carreras inentendibles, se cruzaban ante mis ojos.
Levanté la mirada y te vi con tu caminar cansado de andar el suelo y con tu vuelo a flor de vereda. Inconscientemente dejé caer mi bolso. Pasos más tarde noté que había dejado los zapatos. Sin darme cuenta mis manos desprendieron mi camisa, dejándola como un animal muerto detrás mío. Tus ojos sorprendidos no bajaron un segundo, jamás perdieron contacto con mi mirada, que se encontraba más allá de ellos. Más profundo, al punto de no vernos; sólo entendernos. Con no mucha dificultad y ante los comentarios horrorizados de mujeres con sus niños, almaceneros y porteros curiosos, logré huir de mi pantalón, y estando a tan sólo metros de tu encuentro, mi ropa interior cayó como un trapo pudoroso sobre algún ciempiés distraído.
Casi no necesité hablarte para que me entiendas. Tu rostro demostraba estar en dos lugares al mismo tiempo. Por un lado la herencia terrestre te obligaba a sentirte temerosa ante aquel espectáculo. Por el otro la aceleración de tu corazón y tu garganta presionada entendieron perfectamente aquellas palabras que servían como una explicación innecesaria.
- No tengo más. Esto es lo que me queda. Soy de carne y hueso. Esto soy yo, y sería la persona más feliz del mundo si aceptás este cuerpo desnudo.
Con las manos esposadas, comprendí que nada podría explicar a alguien que carga con tanto uniforme. Agaché mi cabeza y sentí tu susurro alejarse diciendo...

viernes, 9 de enero de 2009

Destino

Y para acá o allá
y desde aquí otra vez
y vuelta a ir de vuelta y sin aliento
y del principio o término del precipicio íntimo
hasta el extremo o medio o resurrecto resto de éste a aquello o de lo opuesto
y rueda que te roe hasta el encuentro
y aquí tampoco está
y desde arriba abajo y desde abajo arriba ávido asqueado
por vivir entre huesos
o del perpetuo estéril desencuentro
a lo demás
de más
o al recomienzo espeso de cerdos contratiempos y destiempos
cuando no al burdo sino de algún complejo herniado en pleno vuelo
cálido o helado
y vuelta y vuelta
a tanta terca tuerca
para entregarse entero o de tres cuartos
harto ya de mitades
y de cuartos
al entrevero exhausto de los lechos deshechos
o darse noche y día sin descanso contra todos los nervios del misterio
del más allá
de acá
mientras se rota quedo ante el fugaz aspecto sempiterno de lo aparente o lo supuesto
y vuelta y vuelta hundido hasta el pescuezo
con todos los sentidos sin sentido
en el sofocatedio
con uñas y con piensos y pellejo
y porque sí nomás
Olvierio Girondo