Hologramas

A mis dieciséis años sentí una gran atracción por los hologramas. Recuerdo que compartía esta curiosidad junto con Esteban De la Canal, mi gran amigo de la adolescencia.
Hubo para ese tiempo una exposición en Buenos Aires y luego la misma se presentó en el Museo de Bellas Artes de La Plata donde había hologramas de todo tipo. Entre los que todavía mi memoria mantiene había una cabeza, perfecta, detallada, una biblia rusa, un vidrio roto, un dragón que salía de los límites del cuadro, un Michael Jackson que te sonreía, un extracto de la película El Abismo (The Abbys), el gato de Alicia y varios más.
Había un detalle que entre sus investigaciones, Esteban me contó (desconozco la veracidad del dato): Cada punto del holograma contiene la información completa del todo.
Nunca logré entender cómo podía suceder esto, pero tiene lógica. Si uno mira un punto desde cualquier ángulo, deberá ver la perspectiva del resto de los puntos para que tenga el efecto 3D.
Esta idea me persiguió siempre.
A veces leo libros que son como hologramas, donde una página contiene toda la esencia del libro completo, pero que el resto es tan rico y sabroso que uno no puede dejar de leerlo. Generalmente esos libros son los fundamentales.

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