martes, 24 de mayo de 2005

Querido Papá Noel:

Duilio era rengo, toda su vida tuvo que soportar las crueles bromas de sus compañeritos de grado. Desde los 5 años, al no existir por esos principios de siglo mejores alternativas, tenía que caminar con zapatos ortopédicos unidos a unos fierros que le sujetaban la pierna. Siempre renegó de su mala suerte, negaba cualquier existencia de cualquier ser fantástico, como por ejemplo Dios, Papá Noel, el Ratón Pérez y los Reyes Magos. Un 5 de enero, y por insistencia de los padres, dejó a la noche sus zapatitos con algo de pasto, agua y una carta que escribió con disgusto.

Esa noche, como todos los 6 de enero, los reyes magos se presentaron en su casa a escondidas para realizar la correspondiente entrega de regalos, no sin antes permitirles a los camellos que beban el agua y coman su pasto. El problema fue que los camellos venían sin comer desde hacía unas 10 casas y estaban hambrientos. El camello de Gaspar comió de más y se empezó a manducar uno de los zapatos de Duilio pero, a los 10 minutos, se atragantó con un fierro y se murió.

Entre Melchor y el Rey damnificado deliberaron acerca del problema y finalmente decidieron que viajaría en el camello de Baltasar, dándole a éste la posibilidad de elegir entre irse caminando o manejar el camello. Baltasar, molesto por esta decisión discriminatoria eligió manejar el camello ubicándose en la joroba de adelante y Gaspar, en la joroba posterior; de esa forma nació el primer Chofer Negro de la monarquía mundial.

Así estuvieron durante casi toda la noche, pero viendo las dificultades del caso y el asco que le producía a Gaspar, estar por detrás de un rey de color, decidió cambiarse al camello de Melchor, dejando así a Baltasar, cargando con todos los regalos para los millones de niños que soñaban despertar y encontrarse con la sorpresa.

Baltasar, indignado con esta actitud racista de sus dos colegas, no soportó más esta humillación y renunció a su nombre y cargo de Rey Mago. Al tiempo comenzó a hacer changas y a trabajar en una mina de carbón con los sobrevivientes de los indios Querandíes, pero con el orgullo en alto, viendo que se podía vivir sin que lo discriminen.

Al quedar sólo dos reyes y notar que no podían hacer solos el trabajo, pusieron un aviso en el periódico local solicitando gente de color para cubrir el puesto vacante, dado que no estaba mal vista la explotación hombres de raza negra. Como no se presentó nadie, contrataron un ciego albino y le hicieron creer que era negro, para poder pagarle menos. Esta determinación tuvo sus pros y sus contras. Melchor y Gaspar se ahorraban mucho dinero en camellos (uno de los 4 animales más caros del planeta) puesto que le dieron un guanaco del altiplano y el ciego se hacía cargo de todos los regalos pensando que los otros reyes también transportaban su respectiva parte. Pero también tuvieron muchos problemas, como aquella vez que le dejó una muñeca a Ricardito o aquella otra en que le dejó una pelota a un niño paralítico, y ni qué hablar de la noche en que le dejó la piedra pomes al leprosito.

Luego de un tiempo y al notar las ya estruendosas risas de sus compañeros que le gritaban desde sus camellos para que se apure, se dio cuenta que lo estaban explotando. A partir de ese momento comenzó a hacer denuncias, y a aparecer en televisión pidiendo justicia, contra todos aquellos que lo discriminaban por negro.

Si bien al principio a los televidentes y al mundo les causó mucha gracia ver un albino quejarse porque lo discriminaban por negro, luego comenzaron a entender el caso como un simbolismo, un reconocimiento del hombre blanco de ser inferior al de color. Las personas comenzaron a entender el error en el que vivían y se solidarizaron con el rey en su pedido de justicia. El mundo recapacitó y comenzó a respetar a los negros, dejaron de explotarlos y hasta aumentaron sus salarios de tal forma que pasaron a ganar más que los blancos. Comenzaron a respetarlos al punto de aceptarlos como seres superiores. Los negros ganaron mayor importancia y ocuparon los puestos de poder en todos los países.

A esta autohumillación blanca, le siguió el desprecio de los negros, hasta que comenzó una discriminación contra los blancos y una persecución encabezada por grupos extremistas que deseaban que desaparezcan de la faz de la tierra. A estos grupos se les fueron sumando adeptos, hasta que un día declararon la guerra y los mataron a todos, inclusive al ciego, que nunca entendió nada.

No hay peor negro que el que no quiere ver.

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