La inexistencia
En mi vida hay un misterio y en su base está el hecho de que yo no nací en Marsella el 4 de Septiembre de 1896, sino que pasaba por ahí, viniendo de otro lado, porque en realidad nunca nací y es por eso que en realidad no puedo morir. Yo puedo decir que no estoy en el mundo, y no se trata de una simple actitud mental. Para los burros médicos-legales se trata de un delirio; para otros de mi poesía; para mí, de algo tan verdadero como un bife con papas fritas. ¿Quién en el seno de ciertas angustias, en el fondo de algunos sueños, no ha percibido la muerte como una sensación rompiente y maravillosa que no puede confundirse con nada en el orden de la mente? Es necesario haber conocido esa creciente de la angustia que aspira, cuyas ondas llegan hasta uno y lo hinchan como mudas de piel con un fuelle insoportable. La angustia que se aproxima y se aleja, cada vez mayor, cada vez más pesada y ahíta. Es el cuerpo mismo que alcanza el límite de su distensión y de sus fuerzas y que, a pesar de to...