jueves, 17 de agosto de 2006

Grandes Homenajes - Hoy: Thomas Watson

Con Thomas Watson, inauguramos el día de hoy esta pequeña sección que tiene como objetivo rendirle homenaje a tantas personas que han pasado casi inadvertidas por la historia de la humanidad, y sin cuya obra el mundo hubiera sido un caos, o no.
Don Thomas Watson era fiel colaborador de Graham Bell. Como todos sabemos, Bell fue el inventor del teléfono, invento que no hubiera tenido sentido si no había alguien para atenderlo. Filosóficamente podríamos debatir acerca de cuál fue más importante, si el primer o el segundo teléfono, pero la humanidad exitista ya ha dado su erróneo veredicto, y no lo discutiremos. En fin, Thomas Watson fue el primer tipo que atendió el teléfono.
Aún recuedo ese día -cuenta Watson, 130 años más tarde-, veníamos de muchos intentos fallidos. Ya estábamos muy desilucionados, dado que durante meses intentamos realizar la prueba y no habíamos tenido éxito. Luego de varios días de frustración, nos dimos cuenta de que el problema es que no habíamos inventado el timbre, y que por eso no sonaba. Inmediatamente fuimos a la casa de William Ring para que nos de una mano, y ahí completamos el artefacto. Yo me había colocado en una habitación aparte del laboratorio mientras el Dr. Bell terminaba de realizar los últimos ajustes. Recuerdo que tanto fue el tiempo que transcurrió que me quedé profundamente dormido sobre el escritorio, de modo que cuando sonó por primera vez lo primero que se me pasó por la cabeza fue: "la puta madre, quién será a esta hora?".
Quedarán siempre grabadas para los libros las primeras palabras dichas por Bell: "Por favor venga, señor Watson, le necesito", aunque Thomas hoy jocosamente recuerda: "en ese momento le respondí: "disculpe, número equivocado, aquí no vive ningún señor Watson".
Aún hoy se enorgullece de un pequeño invento propio:
Graham se había entusiasmado con su nuevo chiche. Se la pasaba llamándome cada 3 minutos diciendo "Watson, necesito esto", "Watson, necesito aquello", "Watson traigame la birome que me dejé en el laboratorio", "Watson andá a la esquina y comprame un Phillip de 10". La verdad es que me tenía las bolas llenas, así que lo llamé a Waldo, un esclavo negro que teníamos y lo puse a atender para que recibiera los recados. Sin haberlo planeado había inventado el contestador automático! Soy un genio! Y si uno analiza bien, parece que las costumbres han quedado arraigadas en la sociedad, dado que los modelos más comunes de contestadores electrónicos que se venden actualmente, son del mismo color.
Merecido homenaje para un grande.

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